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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Enterrado vivo con Ryan Reynolds

Tuve la suerte de que me concediera una larga entrevista el director Rodrigo Cortés, que pronto será reconocido como uno de nuestros más sólidos valores cinematográficos, y que es un cinéfilo con muchas ideas con el que da gusto hablar.

Si alguien tiene las narices de rodar una película que transcurra por completo en un ataúd, o le sale una película buena y triunfa, o un bodrio tan infame que le mandaran a la tumba a pedradas. Al Cortés pero valiente realizador le ha salido tan bien la jugada que ha hecho la que hasta ahora, y a falta de otros estrenos, es la película más potente del año del cine español: Buried (Enterrado).

Este film de suspense recuerda a las arriesgadas propuestas de Hitchcock del tipo voy a rodar una película que transcurra en una sola habitación con una ventana (La ventana indiscreta), en prácticamente un único plano secuencia aunque tenga truco (La soga), en una balsa (Náufragos), etc.

El espectador lo llega a pasar mal con el angustioso trago que pasa el protagonista, Ryan Reynolds, un hombre encerrado en ataúd, que tiene la mala suerte de no ser un maestro del kárate, como Uma Thurman en Kill Bill, y que haya caído en una película realista en la que no se puede uno autodesenterrar a porrazo limpio. En el ataúd sólo encuentra un zippo, un móvil a medio gastar y un cuchillo. ¡Con todo eso McGyver habría conseguido montarse una tuneladora!

Tiene un poderoso arranque la cinta que sitúa muy bien al espectador en lo que va a ver. Espero que no le pase a nadie lo que a mí, que entraba en la sala de proyección justo cuando se apagaron todas las luces y echó a andar la película. Se queda la pantalla completamente a oscuras y entonces escuchas unos ruidos misteriosos y espeluznantes. Yo no veía ni torta y no se sabe muy bien si está pasando alguien a tu lado o qué ocurre.

Esto le sirve al director para hacer que te identifiques con el protagonista, aunque para mí fue horrible, porque tuve que permanecer sin moverme un rato hasta que a  Ryan Reynolds le da por encender el mechero, y con la escasa luz que da, vislumbré entre las penumbras un asiento. No, por suerte no me senté encima de ninguna persona bajita.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cuatro tíos enterrados vivos para ver "Buried (Enterrado)"

Todo vale, en el amor, en la guerra y a la hora de promocionar una película. Así lo han entendido los encargados de promocionar Buried (Enterrado), un intenso thriller deRodrigo Cortés, que os recomiendo a todos, y que en mi opinión es sin duda la película española del año.

Pues bien, resulta que el film estaba programado en el Rolling Roadshow, del Fantastic Fest, que proyecta películas de forma muy particular. Por ejemplo, se organizó una proyección de La fuga de Alcatraz, en la auténtica isla donde estaba la famosa prisión. Así que ya os podéis imaginar dónde proyectaron Buried (Enterrado)... Piensa mal y acertarás.

Efectivamente,  cuatro 'privilegiados' tuvieron el inmenso placer de poder ver la película en el interior de un ataúd. La experiencia, sin duda, debió ser inolvidable, porque a los elegidos les vendaron los ojos y se les trasladó a un lugar indeterminado a 30 minutos de Austin, donde fueron introducidos en un ataúd, y enterrados. Una vez dentro, podían quitarse la venda, y ver la película en las pantallas de LCD que había en la tapa.

Yo quiero un ataúd así, con tele, para que cuando la palme pueda seguir viendo Mad Men y Glee, que estoy enganchadísimo.

Pero la angustia y la claustrofobia extrema habrán merecido la pena, porque la recompensa consiste nada menos que en conocer al protagonista, Ryan Reynolds, y en fin, eso es impagable, porque es nada menos que el marido de Scarlett Johansson. Nadie les ha dicho a estos chicos que si se hacían periodistas de cine, también conocerían a Ryan Reynolds, de hecho yo  le he entrevistado. O quizás sí que se lo han dicho y han preferido enterrarse vivos antes que tratar con tipejos como yo.

Esperemos que no cunda el ejemplo de estas proyecciones extremas, y a partir de ahora cuando viajemos en avión, no nos pongan Aeropuerto 77 o ¡Viven!, porque sería un viaje sobrecogedor.

Tengo más ideas para los organizadores de este tipo de proyecciones, por ejemplo, ver El rey León en la jaula de los leones del zoo, o Tiburón, en medio del mar, con el monitor en un flotador rociado con sangre, para darle más realismo. Pretty Woman podría ser visionada en una casa de putas, y Cuando ruge la marabunta, dentro de un hormiguero.